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La Eucaristía y los Misterios Luminosos del Santo Rosario

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Los Misterios Luminosos resaltan momentos importantes y significativos de la vida de Cristo. Cristo es la luz del Mundo y cada uno de estos misterios es centrado en la persona de Jesus. Es por esto que se les llaman misterios Luminosos. Sobre todo, estos son misterios que nos dejan ver o que iluminan quien realmente es Jesus.

En el Bautismo en el Jordán vemos como Jesus es presentado por el Padre con las palabras “este es mi hijo amado, en quien me complazco”. Se nos da a conocer que Jesus es el hijo de Dios y que es la segunda persona de la Santísima Trinidad.

Luego en las bodas de Cana y a petición de su Madre la Santísima Virgen Maria; Jesus convierte el agua en vino. Con este milagro nuestro Señor se auto revela y al igual que en la creación que todo fue creado a través del verbo; ahora el verbo transforma y cambia lo existente para darnos más vino. Esto sucede en una boda prefigurando así el tipo de unión que quiere tener Cristo con su pueblo. Nuestro Señor quiere una unión común. Que dejemos de ser nosotros y El, para ser uno. Al igual que en el matrimonio donde dos se hacen una sola carne; así mismo el Señor quiere una sola unión con su Iglesia. Es por esto que Él se hace llamar el novio y en el libro del apocalipsis el Apóstol San juan describe esta unión como las bodas del cordero. En otras palabras, la Iglesia y Jesus en eterna unión.

En el numeral 1.613 del catecismo dice que, en el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo -a petición de su Madre- con ocasión de un banquete de boda. La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo»

También en el segundo misterio luminoso podemos meditar las palabras de Maria “hagan lo que Él les diga”. Estas palabras deben der un mandato para todo cristiano. La única manera de estar listo para poder recibir al Señor en la boda del cordero en su cuerpo y sangre es haciendo lo que Él nos pide.

El tercer misterio es el anuncio del Reino de Dios que nos recuerda que el reino de Dios está aquí en su Iglesia pelegrina. El anuncio de Jesus en otras palabras es la palabra de Dios. La palabra de Dios como nos dice San pablo es espada de doble filo, que corta el pecado y es la que nos hace arder el corazón como le sucedió a los discípulos de Emaús. Así mismo nos sucede a nosotros siempre que escuchamos su anuncio; especialmente en la Santa Misa. Es justo antes de la liturgia Eucarística que hacemos la liturgia de la palabra. Cuando escuchamos la lectura del antiguo testamento, el salmo, las cartas y luego el evangelio nos debe de arder el corazón. Solo así vamos a estar listos para reconocer a nuestro Señor al partir el pan.

La transfiguración del Señor la meditamos en el cuarto misterio Luminoso. El catecismo nos dice; «Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para “entrar en su gloria” (Lucas 24, 26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén» (CIC, 555).

Nuestro Señor deja ver su gloria y divinidad y nos da a entender justo antes de ir a Jerusalén a ser asesinado; que Él no es otro profeta más. Jesus es el hijo de Dios, el Mesías y el único salvador. Aunque parezca un hombre destruido en la cruz sabemos que en su persona esta su naturaleza divina (él es Dios) que es todo poderosa y redentora para nosotros. Esta apariencia que parece solo humana es igual que el pan y vino en el altar que se ven como pan y vino, pero son el cuerpo y la sangre de Cristo. Este alimento divino nos ayudara a alcanzar la vida eterna con nuestro Señor.

El ultimo misterio es la institución de la Eucaristía. «Al celebrar la última Cena con sus apóstoles en el transcurso del banquete pascual, Jesús dio su sentido definitivo a la pascua judía. En efecto, el paso de Jesús a su Padre por su muerte y su resurrección, la Pascua nueva, es anticipada en la Cena y celebrada en la Eucaristía que da cumplimiento a la pascua judía y anticipa la pascua final de la Iglesia en la gloria del Reino» (CIC, 1.341).

Meditar en la Eucaristía tiene que llevarnos a querer consumirla. Para poder consumirla debemos estar en estado de gracia. En otras palabras, debemos de estar confesados. Este deseo nos llevara a no solo querer tener comunión con Jesus todos los domingos, sino que todos los días (Misa Diaria).

Que ojalá el Señor nos conceda la gracia de seguirlo amando y que nosotros reconozcamos que nos queda mucho por hacer. Que cuando meditemos los misterios luminosos podamos ver a Jesus Eucaristía. Nuestro Señor ya se dio como sacrificio y se nos entrega como alimento. ¿Estás dispuesto a recibirlo?

En Cristo, Luis Román

¡Santa Maria Ora Pro Nobis!

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