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La devoción a la Virgen del Pilar tiene su origen en la antiquísima tradición según la cual la Santísima Virgen María, aún viviendo en carne mortal en Jerusalén, se apareció al Apóstol Santiago en Zaragoza, sobre una columna (pilar) de jaspe, para confirmarlo en la fe y alentar la evangelización de Hispania.

Desde entonces, el Pilar quedó como signo visible de la firmeza de la fe católica.


¿Qué son las “cintas” del Pilar?

Las cintas de la Virgen del Pilar son pequeñas bandas de tela que:

  • Han sido tocadas al Santo Pilar.
  • Suelen llevar impresa la imagen de la Virgen.
  • Se confeccionan en distintos colores.
  • Se bendicen y se distribuyen a los fieles.

En Zaragoza es tradición pasarlas físicamente por el Pilar, que hoy está cubierto por una estructura protectora, pero conserva el contacto devocional mediante estas cintas.


¿Qué significan?

Las cintas no son amuletos ni objetos mágicos. Son sacramentales, es decir:

Signos sagrados instituidos por la Iglesia que disponen el alma para recibir la gracia y santifican diversas circunstancias de la vida (cf. Catecismo 1667).

Al portar la cinta:

  • Se recuerda la protección maternal de María.
  • Se pide firmeza en la fe.
  • Se expresa pertenencia filial a Nuestra Señora del Pilar.
  • Se confía una intención particular.

Muchos fieles las llevan en la muñeca, en el cuello, en el automóvil o en el hogar.


12 de octubre

La fiesta de la Virgen del Pilar se celebra el 12 de octubre, día también vinculado a la evangelización de América. En Zaragoza se realiza una impresionante ofrenda floral que manifiesta el amor del pueblo fiel.

Estaré visitando este hermoso lugar en noviembre 2026. Detalles aquí

Video sobre el Misterio de las citas del Pilar

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Hoy en muchas parroquias vemos algo que hace décadas era impensable: aplausos durante la Santa Misa. Después de la homilía, de un canto, o cuando alguien hace algo especial. Pero surge una pregunta importante: ¿es esto apropiado dentro de la liturgia?

Primero debemos recordar algo fundamental: la Misa no es un espectáculo.
La Misa es el Santo Sacrificio de Cristo renovado en el altar.

Por eso, la actitud propia del fiel es silencio, recogimiento y adoración.

El entonces cardenal Joseph Ratzinger, quien luego sería el Benedict XVI, explicó claramente:

“Donde irrumpe el aplauso en la liturgia por causa de algún logro humano, es señal segura de que se ha perdido completamente la esencia de la liturgia.”

Esta frase aparece en su libro The Spirit of the Liturgy.

La razón es sencilla: la liturgia no está centrada en el hombre, sino en Dios.

También la instrucción Redemptionis Sacramentum recuerda que:

“Todos deben evitar cualquier cosa que pueda introducir confusión o distraer de la naturaleza sagrada de la celebración.” (n. 5)

Y el General Instruction of the Roman Missal enseña que durante la Misa debe mantenerse una actitud de reverencia y recogimiento acorde con el misterio que se celebra.

Durante siglos, especialmente en la tradición de la Misa tradicional en latín, el aplauso no formaba parte de la liturgia.

Porque en la Santa Misa no celebramos talentos humanos, ni al sacerdote, ni al coro.

Celebramos el sacrificio de Cristo.

Por eso, delante de Dios, la respuesta más apropiada no es el aplauso… sino la adoración.