Santa Perpetua fue una joven madre cristiana que vivió en Cartago y murió mártir por Cristo en el año 203. Mientras estaba en prisión esperando su ejecución, pidió al Señor que le mostrara cuál sería su destino. Entonces recibió una visión extraordinaria.
Ella vio una escalera de oro que llegaba hasta el cielo. Era muy estrecha y en sus lados había espadas, lanzas, cuchillos y ganchos afilados. Cualquiera que subiera distraído o mirando hacia atrás podía ser herido gravemente. Al pie de la escalera se encontraba un enorme dragón que intentaba impedir el ascenso.
Primero subió su compañero San Saturo, quien desde arriba le dijo: “Perpetua, te espero, pero ten cuidado con el dragón”. Entonces ella respondió con valentía: “En el nombre de Jesucristo, no me hará daño”. Al acercarse, puso su pie sobre la cabeza del dragón y comenzó a subir.
Cuando llegó a la cima encontró un hermoso jardín celestial. Allí vio a un pastor rodeado de miles de personas vestidas de blanco. El pastor la recibió y le dio un alimento dulce, signo de la recompensa eterna preparada para los fieles.
Perpetua comprendió inmediatamente el significado: la escalera representaba el camino al cielo; las armas simbolizaban las pruebas, sufrimientos y sacrificios de la vida cristiana; el dragón era Satanás tratando de detener a los discípulos de Cristo; y el jardín era el Paraíso prometido a los que perseveran hasta el final.
Pocos días después, Perpetua fue martirizada. Su visión nos recuerda que el camino al cielo no es fácil, pero quien permanece fiel a Cristo y pisa la cabeza de la serpiente con la gracia de Dios, alcanzará la gloria eterna.
Como Santa Perpetua, estamos llamados a mirar siempre hacia arriba, hacia Cristo, y nunca hacia atrás.