El Papa ha dirigido una carta al superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, don Davide Pagliarani, en la que reconoce el apego a la Tradición de sus miembros pero les advierte con firmeza de que un «acto cismático» les privaría de la recepción lícita —y en algunos casos válida— de los sacramentos. La misiva, fechada el 29 de junio de 2026, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, constituye el primer pronunciamiento directo de León XIV sobre la situación canónica de la Fraternidad (tomado de infovaticana).
Luis Roman comparte la carta en su totalidad en el programa de hoy y analiza como los Papas Benedicto XVI y Francisco mantuvieron la comunicación y el trato con la Fraternidad Sacerdotal San Pio X.
CARTA DEL SANTO PADRE AL REVERENDO PADRE DAVIDE PAGLIARANI SUPERIOR GENERAL DE LA FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X
Con ánimo paterno deseo dirigirme a usted y, por su medio, a los obispos, a los sacerdotes, a los seminaristas y a los fieles vinculados a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, consciente de la responsabilidad que el Señor me ha confiado como Sucesor del Apóstol Pedro.
La Iglesia reconoce la adhesión a la vida litúrgica, el compromiso en la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades afines a esa Fraternidad. Lo antes dicho ha motivado una actitud de atención y benevolencia que mis Predecesores les han manifestado constantemente.
Con este espíritu, y lleno de afecto cristiano, les ruego y les pido con todo el corazón: ¡Den marcha atrás! Los exhorto a que consideren atentamente el bien espiritual de los fieles, porque el acto cismático que llevaren a cabo los privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida de los sacramentos que ellos aman y buscan para la propia santificación.
La Iglesia está dispuesta a un camino de diálogo y entendimiento que el Espíritu Santo puede hacer posible y fecundo.
Ruego por ustedes, porque desgarrar la Túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad. El Señor ilumine sus conciencias y mueva sus corazones. Por la autoridad recibida de Cristo, con el alma afligida, pero aún llena de esperanza, tengo el deber de pedirles que desistan de su intento y confío estas plegarias al Corazón Inmaculado de María, Madre del Buen Consejo.
Vaticano, 29 de junio de 2026, Solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo.
