No es motivo de alegría ver que ocurran excomuniones, ni tampoco debería ser motivo de orgullo ser excomulgado. Ambas actitudes encierran un mismo mal: la soberbia espiritual. La respuesta de Roma a las consagraciones de Obispo sin permiso del Papa no se ha hecho esperar, y es la más dura en casi cuarenta años. Luis Román y Dr César Félix Sánchez analizan.