En el relato de la Resurrección, encontramos un detalle fascinante que muchos pasan por alto: el “joven” o “varón” que aparece en la tumba de Nuestro Señor Jesucristo.
Pero surge la pregunta… ¿era un ángel común o un arcángel?
El Evangelio de San Marcos Evangelio nos dice que las mujeres vieron a “un joven sentado al lado derecho, vestido con una túnica blanca” (Mc 16,5).
Mientras que San Mateo Evangelio describe claramente que “un ángel del Señor descendió del cielo… y su aspecto era como un relámpago” (Mt 28,2-3).
Por su parte, San Lucas Evangelio habla de “dos hombres con vestiduras resplandecientes” (Lc 24,4), y San Juan Evangelio menciona dos ángeles dentro del sepulcro (Jn 20,12).
Entonces, ¿hay contradicción?
No. La Iglesia siempre ha enseñado que los ángeles pueden manifestarse con apariencia humana. Por eso, San Marcos describe lo que ve —un joven—, mientras que los otros evangelistas revelan su verdadera naturaleza: eran ángeles.
Ahora bien, ¿eran arcángeles?
La Escritura no lo dice explícitamente.
En la tradición bíblica, solo tres arcángeles son nombrados: San Miguel Arcángel, San Gabriel Arcángel y San Rafael Arcángel.
Cuando la Biblia quiere señalar a un arcángel, lo dice claramente, como en el caso de San Gabriel en la Anunciación.
Por lo tanto, lo más prudente —y lo que enseña la tradición— es que se trataba de ángeles, mensajeros celestiales enviados por Dios para anunciar el acontecimiento más grande de la historia:
“No está aquí… ¡ha resucitado!”
Este detalle nos deja una enseñanza profunda:
Dios quiso que el primer anuncio de la Resurrección no viniera de hombres sino del cielo mismo.
Porque la Resurrección no es solo un hecho histórico es un misterio divino anunciado por los ángeles.











