fbpx
≡ Menu

Oraciones de la Coronilla a la Divina Misericordia

  1. La señal de la Cruz: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
  2. Oración al principio (opcional): Expiraste, Jesús, pero la fuente de vida brotó para las almas y el mar de misericordia se abrió para el mundo entero. Oh fuente de vida, insondable Misericordia Divina, abarca al mundo entero y derrámate sobre nosotros (Diario, 1319).
    Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío (Diario, 84). Primero se reza una vez el Padre Nuestro, el Ave María y el Credo de los Apóstoles.
  3. Padre Nuestro: Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea Tu nombre; venga a nosotros Tu reino; hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
  4. Ave María: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
  5. Credo de los Apóstoles: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, Su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
    Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
  6. En las cuentas grandes del Padre Nuestro antes de cada decena: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero (476).
  7. En las 10 cuentas pequeñas de cada decena: Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
  8. Repita el “Padre Eterno” y “Por Su dolorsa Pasión”: (Números 6 y 7) Rece cuatro decenas más.
  9. Después de cinco decenas, la doxología final (tres veces): Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.
  10. Oración final (opcional): Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentamos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia Mismos (950).

CÓMO REZAR LA CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

La Coronilla a la Divina Misericordia se reza con un rosario común. En el Santurario Nacional de la Divina Misericordia en Stockbridge, Massachusetts, el rezo de la Coronilla es precedido por dos oraciones tomadas del Diario de Santa Faustina y seguido por una oración final.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA REZADA EN FORMA DE NOVENA

Además de la Novena a la Divina Misericordia dictada por nuestro Señor a Santa Ma. Faustina para su uso personal, le reveló una oración poderosa que quería que todos rezaran: la Coronilla a la Divina Misericordia. La Hermana Faustina la recitaba casi constantemente, y de manera especial por los agonizantes. Nuestro Señor le insistió en que alentara a los demás a hacer lo mismo, prometiendo gracias extraordinarias para quienes recitaran esta oración especial.

Esta Coronilla, puede rezarse a cualquier hora, pero nuestro Señor pidió específicamente que se recitara en forma de novena, de manera especial, durante los nueve días anteriores a la Fiesta de la Misericordia. Hizo esta promesa: Durante este novenario concederé a las almas toda clase de gracias (Diario, 796).

Podemos rezar esta novena de coronillas por nuestras propias intenciones particulares o podemos ofrecerlas junto con la Novena a la Divina Misericordia por las intenciones diarias dictadas por nuestro Señor a Santa Ma. Faustina (vea el lado posterior de este folleto).

Nuestro Señor dijo a Santa Faustina:

Reza incesantemente esta coronilla que te he enseñado. Quienquiera que la rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte …
Cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso. …
Los sacerdotes se la recomendarán como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más emperdernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita. Deseo que el mundo entero conozca Mi misericordia. … A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad. (687, 1541, 1731).

CÓMO REZAR LA CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

  1. Haga la señal de la Cruz.
  2. Recite la oración inicial (opcional).
  3. Recite el Padre Nuestro.
  4. Recite el Ave María.
  5. Recite el Credo de los Apóstoles.
  6. Recite el “Padre Eterno”
  7. Recite diez veces “Por Su dolorosa Pasión” en las cuentas del Ave María.
  8. Repita por cuatro decenas, recitando el “Padre Eterno” en la cuenta grande del “Padre Nuestro” y “Por Su dolorosa Pasión” en las cuentas pequeñas del “Ave María”.
  9. Al terminar las cinco decenas, en el medallón, recite la doxología tres veces (“Santo Dios…”).
  10. Recite la oración final (opcional).

Recursos:

http://www.ladivinamisericordia.org/QD/coronilla.php

www.marianos.net

www.ladivinamisericordia.org

Les comparto esta declaración del Obispo Athanasius Schneider en la cual, él reafirma y explica, de una manera muy elocuente, el problema del relativismo. También explica, cuál es la voluntad de Dios referente a la diversidad de religiones. ¡Este documento es oro!

En Cristo, Luis Roman- Santa Maria ora pro nobis

 “La verdad de la filiación divina en Cristo, que es intrínsecamente sobrenatural, es la síntesis de toda la revelación divina. La filiación divina es siempre un don gratuito de la gracia, el don más sublime de Dios para la humanidad. Este don se obtiene, sin embargo, sólo a través de la fe personal en Cristo y la recepción del bautismo, como enseñó el mismo Señor:

“En verdad, en verdad os digo si uno no nace del agua y del espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que es nacido de la carne es carne, y lo que es nacido del espíritu es espíritu. No se sorprendan si le dije: ustedes deben nacer de lo alto “(Juan 3, 5-7).

En décadas pasadas oía a menudo, incluso de boca de algunos representantes de la jerarquía de la Iglesia – declaraciones sobre la teoría de los «cristianos anónimos». Esta teoría dice lo siguiente: la misión de la Iglesia en el mundo consistiría en última instancia, en suscitar la conciencia de que todos los hombres deben tener de su salvación en Cristo y por lo tanto su filiación divina. Ya que, según la misma teoría, cada ser humano tendría ya la filiación divina en la profundidad de su persona. Sin embargo, tal teoría contradice directamente la revelación divina, tal como Cristo la enseñó y como sus apóstoles y la Iglesia la han transmitido siempre por dos mil años inmutablemente y sin sombra de duda.

En su ensayo “La Iglesia de los Judíos y los Gentiles” (Die Kirche aus Juden und Heiden) Erik Peterson, el conocido converso y exégeta, hace ya tiempo (en 1933) advirtió contra el peligro de tal teoría, al afirmar que no puede reducirse el ser cristiano (“Christsein”) al orden natural, en el que los frutos de la redención obrada por Jesucristo, serían imputados generalmente a cada ser humano como una especie de herencia, sólo porque ellos comparten la naturaleza humana con el Verbo Encarnado. Por el contrario, la filiación divina no es un resultado automático, garantizado a través de la pertenencia a la raza humana.

San Atanasio (cf. Oratio contra Arianos– Discurso contra los Arrianos-, II, 59) nos dejó una sencilla y a la vez precisa explicación de la diferencia entre el estado natural de los hombres como criaturas de Dios y la gloria de ser hijos de Dios en Cristo. San Atanasio desarrolla su pensamiento a partir de las palabras del Santo Evangelio de San Juan, quien dice:

“Él ha dado poder para llegar a ser hijos de Dios a los que creen en su nombre, los cuales ni por la sangre ni por la voluntad de la carne ni por el deseo del hombre, sino por Dios han sido engendrados” (Juan 1, 12-13).

San Juan usa la expresión “han sido engendrados” para decir que el hombre se convierte en el hijo de Dios no por naturaleza sino por adopción. Este hecho demuestra el amor de Dios, porque Aquel que es su Creador se convierte también en su Padre. Esto sucede, como dice el apóstol, cuando los hombres reciben en sus corazones el Espíritu del Hijo Encarnado, que clama en ellos: “¡Abba, padre!”.  San Atanasio continúa en su reflexión diciendo: como seres creados los hombres pueden convertirse en hijos de Dios exclusivamente a través de la fe y el bautismo, recibiendo el Espíritu del verdadero y natural Hijo de Dios. Precisamente por esta razón la Palabra se hizo carne, para hacer a los hombres capaces de la adopción filial y participación en la naturaleza divina. Por lo tanto, por naturaleza Dios, estrictamente hablando, no es el Padre de los seres humanos. Sólo aquel que acepte conscientemente a Cristo y sea bautizado, podrá gritar en verdad: “Abba, padre” (Romanos 8, 15; Gal. 4, 6).

Desde el principio de la Iglesia había una afirmación, como testifica Tertuliano: “ningún cristiano nace, cristiano se hace” (Apol., 18, 5). y San Cipriano de Cartago ha formulado esta verdad, diciendo: “no puede tener a Dios por Padre el que no tiene a la Iglesia por Madre” (De Unit., 6).

La tarea más urgente de la Iglesia en nuestros días consiste en ocuparnos del cambio del clima espiritual y del clima de migración espiritual, a saber, que desde el clima de no-fe en Jesucristo y el clima de rechazo de la realeza de Cristo se produzca un traslado hacia un clima de fe explícita en Jesucristo y de la aceptación de Su realeza, y que los hombres puedan migrar desde la miseria de la esclavitud espiritual de la no-fe a la felicidad de ser hijos de Dios, y de la vida en pecado migrar al estado de la gracia santificante. Estos son los migrantes de los que debemos ocuparnos urgentemente.

El cristianismo es la única religión querida por Dios. Por lo tanto, el cristianismo nunca puede ser puesto de manera complementaria junto a otras religiones. Quien apoyase la tesis de que Dios querría la diversidad de religiones, violaría la verdad de la Revelación Divina, como se halla inconfundiblemente afirmada en el primer mandamiento del Decálogo. De acuerdo con la voluntad de Cristo, la fe en Él y en su enseñanza divina debe sustituir a otras religiones, sin embargo no con fuerza, sino con una persuasión amorosa, como expresa el himno de Laudes de la fiesta de Cristo Rey: “no Ille regna cladibus, non vi metuque subdidit: alto levatus stipite, amore traxit omnia “(“no por la espada, la fuerza y el temor que somete a los pueblos, sino exaltado en la Cruz atrae amorosamente a todas las cosas hacia Sí “).

Sólo hay un camino a Dios, y éste es Jesucristo, pues Él mismo dijo: “Yo soy el camino” (Juan 14, 6). Sólo hay una verdad, y éste es Jesucristo, porque él mismo dijo: “Yo soy la verdad” (Juan 14, 6). Sólo hay una vida verdaderamente sobrenatural, y éste es Jesucristo, porque Él mismo dijo: “Yo soy la vida” (Juan 14, 6).

El hijo de Dios Encarnado enseñó que fuera de la fe en Él no puede haber una verdadera religión que agrade a Dios: “Yo soy la puerta: Si uno entra a través de mí, será salvado” (Juan 10, 9). Dios mandó a todos los hombres, sin excepción, que escucharan a su Hijo: “Éste es mi hijo muy amado: ¡Escúchenlo!” (Mc. 9, 7). Dios no dijo: “Puedes escuchar a mi Hijo u otros fundadores de las religiones, ya que es mi voluntad que haya religiones diferentes”.

Dios ha prohibido reconocer la legitimidad de la religión de otros dioses: “no tendrás otros dioses delante de mí” (ex. 20, 3) y ¿Qué comunión puede haber entre la luz y las tinieblas ¿Qué acuerdo entre Cristo y Belial, o qué colaboración entre creyente y no creyente? ¿Qué acuerdo entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor. 6, 14-16).

Si las otras religiones correspondieran igualmente a la voluntad de Dios, no habría habido condenación divina de la religión del becerro de oro en tiempos de Moisés (cf. Ex. 32, 4-20); entonces, los cristianos de hoy podrían, con impunidad, cultivar la religión de un nuevo becerro de oro, ya que todas las religiones, según esta teoría, serían igualmente agradables a Dios.

Dios dio a los apóstoles y a través de ellos a la Iglesia para todos los tiempos la orden solemne de enseñar a todas las naciones y a los seguidores de todas las religiones la única fe verdadera, enseñándoles a observar todos sus mandamientos divinos y bautizarlos (cf. MT. 28, 19-20). Desde el comienzo de la predicación de los Apóstoles y desde el primer Papa, el Apóstol San Pedro, la Iglesia siempre ha proclamado que en ningún otro nombre está la salvación, es decir, no hay otra fe bajo el cielo, en la que los hombres pueden ser salvos, que en el Nombre y fe en Jesucristo (cf. Hch. 4, 12).

En palabras de San Agustín la Iglesia enseñó en todo momento:

“Sólo la religión cristiana indica el camino abierto a todos para la salvación del alma. Sin ella no se salvará ninguna. Esta es la vía regia, porque sólo ella conduce no a un reinado vacilante para la altura terrenal, sino a un reino duradero en la eternidad estable “(De Civitate Dei, 10, 32, 1).

Las siguientes palabras del gran Papa León XIII dan testimonio de la misma enseñanza inmutable del Magisterio en todo momento, cuando afirma:

“El gran error moderno del indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos es el camino oportunísimo para aniquilar todas las religiones, y en particular a la católica que, única verdadera, no puede sin una enorme injusticia ser puesta en un pie de igualdad junto a las demás”(Encíclica Humanum Genus, no. 16)

En los últimos tiempos, el magisterio ha presentado sustancialmente la misma enseñanza inmutable en el documento “Dominus Iesus” (6 de agosto de 2000), del que citamos algunas afirmaciones relevantes:

“A menudo se identifica la fe teologal, que es la recepción de la verdad revelada por Dios uno y el Trino, y la creencia en otras religiones, que es experiencia religiosa todavía en busca de la verdad absoluta y privada aún del acceso a Dios que se revela. Esta es una de las razones por las que se tiende a reducir, a veces hasta anularlas, las diferencias entre el cristianismo y otras religiones “(núm. 7)

Serían contrarias a la fe cristiana y católica esas propuestas de solución, que contemplan una acción salvífica de Dios fuera de la única mediación de Cristo”(n. 14)

“No pocas veces se propone evitar en teología términos como “unidad”, “universalidad”, “absoluto”, cuyo uso daría la impresión de un énfasis excesivo en el significado y valor del evento salvífico de Jesucristo en relación con las otras religiones. En realidad, este lenguaje simplemente expresa la fidelidad al dato revelado” (n. 15)

Sería contrario a la fe católica considerar a la Iglesia como un camino de salvación junto a los constituidos por otras religiones, que serían complementarios a la Iglesia, de hecho, sustancialmente equivalentes a ella, aunque convergiendo con esto hacia el Reino escatológico de Dios”(n. 21)

“La verdad de la fe excluye radicalmente esa mentalidad indiferentista “marcada por un relativismo religioso que conduce a la creencia de que “una religión es lo mismo que la otra “(Juan Pablo II, encíclica Redemptoris missio, 36)” (n. 22).

Los apóstoles y los innumerables mártires cristianos de todos los tiempos, especialmente los de los tres primeros siglos, habrían salvado su vida si hubieran dicho: “La religión pagana y su culto es una manera que también corresponde a la voluntad de Dios”. No habría habido, por ejemplo, una Francia cristiana, “la primogénita de la Iglesia”, si San Remigio le hubiera dicho a Clovis, rey de los francos: “no debes abandonar tu religión pagana; puedes practicar con tu religión pagana la religión de Cristo”. De hecho, el santo obispo habló de manera diferente, aunque de forma bastante abrupta: “¡Adora lo que has quemado y quema lo que has adorado!”

La verdadera hermandad universal sólo puede existir en Cristo, es decir, entre los bautizados. La gloria plena de la filiación divina sólo se logrará en la visión bienaventurada de Dios en el cielo, como lo enseña la Sagrada Escritura:

“¡Mira qué gran amor nos ha dado el Padre para ser llamado hijos de Dios, y nosotros lo somos de hecho! Es por eso que el mundo no nos conoce: porque no lo ha conocido a Él. Queridos míos, somos hijos de Dios a partir de ahora, pero lo que vamos a ser no se ha revelado todavía. Sabemos, sin embargo, que cuando se manifieste, estaremos como Él, porque lo veremos tal como es” (1 Juan 3, 1-2).

Ninguna autoridad en la tierra – ni siquiera la autoridad suprema de la Iglesia – tiene el derecho de dispensar a cualquier seguidor de otra religión de la fe explícita en Jesucristo, es decir, de la fe en el hijo de Dios encarnado y en el único Redentor de los hombres asegurándoles que las diferentes religiones son como tales, deseadas por Dios mismo. Indeleble -porque están escritas con el dedo del Dios y cristalinas en su significado- permanezcan, por el contrario, las palabras del hijo de Dios: “Quien cree en el hijo de Dios no está condenado, pero quién no cree ha sido condenado ya, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios” (Juan 3, 18).

Esta verdad fue válida hasta ahora en todas las generaciones cristianas y seguirá siendo válida hasta el fin de los tiempos, independientemente de si algunas personas en la Iglesia de nuestro tiempo tan inestable, cobarde, sensacionalista y conformista, reinterpretan esta verdad en un sentido contrario al tenor de las palabras, planteando así esta reinterpretación como continuidad en el desarrollo de la doctrina.

Fuera de la fe cristiana, ninguna otra religión puede ser un verdadero camino y ser querido por Dios, porque esta es la voluntad explícita de Dios, que todos los hombres crean en su Hijo:  Esta es efectivamente la voluntad de mi Padre: que quien ve al Hijo y cree en Él tenga la Vida eterna (Juan 6, 40).

Fuera de la fe cristiana ninguna otra religión es capaz de transmitir la verdadera vida sobrenatural: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo” (Juan 17, 3).”

8 de febrero de 2019

+ Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Santa Maria en Astana.

La resurrección de Jesús es el hecho histórico y espiritual más importante de la fe cristiana. Si Jesucristo no hubiese resucitado; Él hubiese sido otro de muchos profetas asesinado por sus creencias. La gran mayoría de los historiadores y estudiosos reconocen, que el mensaje de la cruz y la resurrección fué la causa de un cambio en el mundo conocido y que a través de los mártires y de siglos de persecución, el cristianismo triunfó sobre el imperio romano y logró cambiar la historia de la humanidad para siempre.

Para nosotros los cristianos no es tan solo una batalla aquí en la tierra, sino que es el poder observar las primicias que nos esperan en la Gloria eterna, después de la victoria de Dios sobre la muerte y el pecado.

A continuación, enumero 4 objeciones o argumentos en contra de la resurrección. Vamos a contestar cada uno de ellos brevemente, para que así podamos explicarles a otros, lo que por fe creemos y vivimos.

El primer argumento es Jesus nunca Murió en la Cruz:

Algunos de los no creyentes y escépticos piensan que tal vez Cristo no murió en la Cruz y esto explica la leyenda de la resurrección.

En contra de esto podemos decir sin ninguna duda que los romanos eran expertos crucificando personas.

Los Romanos tenían un historial extenso cuando se trataba de ejecutar y castigar asesinos. Arqueólogos han encontrado cientos de decenas de cadáveres de la época de Cristo, los cuales presentan evidencia de que fueron crucificado. Esto muestra, que Jesus no fue el primero o uno de pocos, sino que era uno de muchos, que fue crucificado. Dice el refrán que la practica hace al maestro.

Además, los Romano siempre revisaban los cuerpos antes de bajarlos de la cruz, para asegurarse de que estuvieran muertos. La mayoría de las veces se les quebraban las piernas, para que así dieran el último suspiro. Tengamos en consideración, que la víctima colgada en la cruz obtenía el soporte de su cuerpo a través de los pies, que también estaban clavados al madero. Cuando los Romanos les quebraban las piernas, causaban a las víctimas otros daños mayores, que aceleraban su muerte. En el caso de Jesus, la Biblia nos dice, que Él expiró y murió antes de que le quebraran las piernas. Las Sagradas Escrituras con lujo de detalles nos dicen, que el soldado Romano en esta ocasión hizo algo mucho más certero. El soldado tomó una lanza y le traspasó el costado. ¿No crees que fué suficiente para asegurarse de que estaba muerto?

En 1996 la American Medical Association hizo la declaración de que hubiese sido imposible para Jesús o cualquier otro ser humano, sobrevivir una crucifixión por parte de los Romanos de aquella época.

Las escrituras y los documentos históricos certifican que Jesus fue bajado de la cruz muerto. Si Jesús no hubiese estado muerto, quiere decir que nuestro Señor se tuvo que haber quedado esperando en la tumba, hasta que los guardias se durmieran y todo mal herido salir de ella. ¿Te imaginas a Jesús herido y desangrado empujando la roca? ¡Hubiese sido imposible! La Biblia nos hablas de las torturas que recibió Nuestro Señor y éstas fueron severas. Jesus recibió latigazo, le colocaron una corona de espina y le trapazaron sus manos y pies con clavos. Como si fuera poco y como mencionamos anteriormente, tambien le perforaron con una lanza el costado. Tampoco le dieron de comer, ni de beber y cargó con la cruz a pies hasta el Gólgota. Definitivamente, esta idea de ver un Jesús mal herido escapando de la escena es imposible de comprender.

Pero si la consideramos, esto significa que los discípulos hubiesen tenido que darle atención médica y creo que estamos de acuerdo que en tres días, Él no hubiese estado en óptimas condiciones como nos describen los testimonios de las mujeres, los discípulos de Emaús y el de los 11 apóstoles. Estos testimonios están muy bien documentados en los Evangelios. 

  • Otro detalle es que los discípulos hubiesen sabido que Jesús no se había muerto y por consecuencia la historia y los testimonios hubiesen sido totalmente diferentes.

Algunos dicen que tal vez los apóstoles no sabían reconocer un fantasma y por esto, aunque Jesus no había muerto, dijeron que había resucitado. Sobre este punto los evangelistas hacen un excelente trabajo, al narrarnos como Jesus les mostró las marcas de las manos y los pies. Además, también dicen que comieron con Él. Así que tienen razón no eran un fantasma y esto los discípulos lo sabían. Jesús resucitado es el mismo Jesús que fue crucificado y los Evangelio no contradicen esta idea.

El segundo argumento es que no lo pusieron en la Tumba.

Está documentado en la Biblia (Mateo 27:60) y en los otros tres Evangelios muy detalladamente, que Jesús fue sepultado en la Tumba personal de José de Arimatea; para colmo este José de Arimatea era miembro del consejo que acusó a Jesús. ¿No crees que si están inventando una historia, sería un error nombrar uno de los miembro de los líderes judíos que acusaron a Jesús?

Los que defienden este argumento, lo que quieren decir, es que nadie sabía exactamente donde estaba Jesús sepultado y por eso pensaron que había resucitado. Lo que esto no explica, es él porque cada uno de los individuos que creían que Jesús resucitó, estuvo dispuesto a dar la vida por algo que no era supuestamente certero.

El tercero es Alucinaciones

Algunos dicen tal vez ellos pensaron que vieron a Jesús, pero en verdad no vieron nada.

Gary R Collins (psicólogo) dice que solo una persona tiene una determinada alucinación. No pueden darse al mismo tiempo. La Biblia nos presenta múltiples apariciones de Cristo resucitado y siempre a más de una persona. En algunos casos a grupos de personas. Según la ciencia y la psicología es imposible que un grupo de personas tenga la misma alucinación y que cada uno de los presentes la tenga al mismo tiempo exactamente igual.

Otro punto que convence relacionado a que no fueron alucinaciones, es observar como también los enemigos de la Iglesia naciente comenzaron a creer. El mejor ejemplo es Saulo, quien se convirtió en San Pablo, después de haber visto al Señor Resucitado.

El cuarto argumento es el porque fueron a ver La Tumba Vacía

Algunos dicen que si los discípulos creyeron ¿Porqué fueron a ver la tumba?

Jesús se le apareció a Magdalena y a otros, antes que a los discípulos y las Sagradas Escrituras dicen, que Pedro y Juan creyeron cuando vieron la Tumba vacía. La acción de Juan y Pedro no debe de verse como una señal de que no creían en la posibilidad de la resurrección, sino como un gesto muy normal y humano. Además, que aquí se muestra que los discípulos sí conocían donde habían enterrado a su maestro.

Los relatos bíblicos dicen en específico, que las mujeres encontraron el sepulcro vacío primero (vieron a Jesús primero). Esto muestra la honestidad de los textos Bíblicos y de los Evangelistas, ya que decir que Jesus apareció primero a mujeres, era bochornoso y denigrante para la cultura judía.

Luego en la historia los apóstoles comenzaron a predicar en Jerusalén. ¿No hubiese sido más fácil irse lejos? Este dato es importante, porque su audiencia podía ir a la Tumba y verificar los testimonios. Realmente los discípulos no tuvieron la posibilidad de mentir, teniendo tantos testigos de los hechos ocurridos a su alrededor y predicando en el mismo lugar en que ocurrieron.

Otros escépticos se atreven a decir que se robaron el cuerpo, pero esto no nos explica los actos heroicos, los sacrificios y la entrega de sus propias vidas de los discípulos de Jesús por algo que era una mentira. Además, la Biblia nos responde este argumento:

El sábado se reunieron los principales sacerdotes y fariseos ante Pilato, diciendo: “Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de 3 días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el 3er día, no sea que vengan sus discípulos de noche, lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia” (Mateo 27: 62 – 63). 

Luego de la resurrección

 de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Y ellos, tomado el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy”. (Mateo 28: 11 – 15).

Con estos versículos y con lo ocurrido, se puede confirmar que los soldados fueron sobornados para decir esto, ya que era una gran humillación para los guardias. Ellos implicaron que los mismo que no se atrevieron a estar a los pies de la Cruz, llegaron armados y aunque eran pescadores sin ningún adiestramiento militar, lograron robarse el cuerpo de Cristo. Difícil de creer ¿verdad?

En conclusión, la mejor respuesta y la que ha convencido a muchos, es observar la vida de todos los discípulos y la de los primeros cristianos. Todos dieron la vida por Jesús y no obtuvieron grandes ganancias materiales. Nadie actúa de esta manera por algo que es falso. Nadie da la vida por una idea que no es cierta.

Espero que con este artículo puedas defender mucho mejor la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y que compartas con confianza tu fe cristiana. Nunca olvides que nuestra fe no está basada en cuentos, sino que están basada en una persona y esa persona es Jesucristo Vivo y Resucitado.

En Cristo, Luis Román

Feliz día de la Resurrección

Santa Maria ora pro nobis

A %d blogueros les gusta esto: