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¿Desde dónde nos enseña Jesus?

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Primeramente, me gustaría recalcar que nosotros los cristianos creemos en un solo Dios. Este Dios que nosotros creemos, está compuesto de tres personas; Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los tres son uno y solo uno, son los tres. Donde está uno han estado los tres (ver evangelio de San Juan Capitulo 1 y Génesis Capitulo 1). Los tres viven en perfecta armonía y unidad.

Teniendo esto presente, la respuesta a la pregunta y título de este articulo; desde que lugar o sitio nos enseña Jesus; podríamos decir que a través del Espíritu Santo; porque Él está con nosotros siempre y Él está en todo lugar. Esta afirmación es correcta pero el Espíritu Santo no es un lugar es una Persona.

¡Jesus nos enseña desde su Iglesia!

El Padre mostró su grandeza a través del pueblo judío y se dejó ver al mundo a través de todos los acontecimientos muy bien narrados en el Antiguo Testamento. A través del nacimiento de su único Hijo, en el pueblo judío, cumplió la promesa que decía que la salvación iba a llegar desde Israel para todas las naciones. Su Hijo (Dios hecho hombre) se dejó conocer a través de todos los eventos inexplicables hechos por Él. Él entregó su vida por la humanidad, pero también la entregó por su Iglesia (ver Efesios 5:25). Porque al igual que el Padre dio maná al pueblo de Israel, como alimento (Éxodo 16/ Juan 6:31); el Hijo se convirtió en alimento vivo para su Iglesia (ver Juan 6:35). La tercera persona de la trinidad; el Espíritu Santo, se hace visible en la Iglesia fundada por el Hijo y es Él quien obra a través de los sucesores de los apóstoles (Hechos 2:1-13).  Para que así el pan bajado del cielo sea repartido entre los fieles y para que la misericordia sea visible y alcanzable para toda la humanidad

La Iglesia con la autoridad del Hijo (Mateo 28:19, Juan 20:23 & Mateo 16:19); quien hace la voluntad del Padre y con el poder del Espíritu Santo; evangeliza y auxilia las almas para que lleguen a Dios. Desde su Iglesia es que nos enseña Jesus.

Es por esto que nuestro Señor dice “mis palabras no pasaran” (Mateo 24:35). La Iglesia salvaguarda la palabra de Dios y no puede cambiar nada de lo que ha sido enseñado por nuestro Señor. Ella es el cuerpo y Cristo es la cabeza. Ella es la administradora del tesoro que nos dejó Cristo. Es por esto que es un escándalo cuando un miembro del clero, enseña contrario a la doctrina establecida por Cristo y preservada por más de 2,000 años.

La relación entre Cristo y su Iglesia por voluntad del Padre; a través del Espíritu Santo es muy bien descrita por San Pablo en su carta a los Efesios.

  • Efesios 1:22 “y ha puesto todas las cosas bajo sus pies y le ha hecho la cabeza sobre todas las cosas para la Iglesia,”
  • Efesios 3:10 “para que, a través de la Iglesia, la sabiduría múltiple de Dios ahora pueda darse a conocer a los principados y poderes en los lugares celestiales.”
  • Efesios 3:21 “a él sea gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús para todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amen”
  • Efesios 5:23 “Porque el esposo es la cabeza de la esposa, como Cristo es la cabeza de la Iglesia, su cuerpo, y él mismo es su Salvador”
  • Efesios 5:24 “Como la Iglesia está sujeta a Cristo, que las esposas también estén sujetas en todo a sus esposos”
  • Efesios 5:25 “Maridos, amen a sus esposas, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella.”
  • Efesios 5:27 “para que él se presente a la Iglesia en esplendor, sin mancha ni arruga ni nada por el estilo, para que ella sea santa y sin mancha”
  • Efesios 5:29 “Porque ningún hombre odia su propia carne, sino que la nutre y la cuida, como Cristo hace a la Iglesia.”
  • Efesios 5:32 “Este es un gran misterio (en latín (Vulgata) sacramentum), y me refiero a Cristo y la Iglesia”

San Lucas también nos presenta este misterio en su evangelio

Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. (Lucas 5:1-11)

“Místicamente, la barca de Pedro, que flota según San Mateo y que según San Lucas se llena de peces, figura la Iglesia flotante en su origen, y llena después hasta rebosar. No zozobra ésta que tiene a Pedro; pero fluctúa aquella que tiene a Judas: en una y otra se encuentra Pedro, pero el que permanece firme por sus virtudes es perturbado por las extrañas. Evitemos el trato con el traidor, no sea que vacilemos muchos, empujados por uno solo. Hay perturbación allí donde se encuentra poca fe; y gran seguridad donde hay perfecto amor. Últimamente, aun cuando se manda a otros que arrojen sus redes, sólo a Pedro se le dice: “Entra más adentro”; esto es, hasta el fondo de la cuestión. ¿Qué cosa hay más elevada que conocer al Hijo de Dios? ¿Más cuáles son las redes que se manda a los apóstoles tender sino los discursos, que como los rodeos y vueltas de las discusiones no dejan escapar a los que cogen? Los instrumentos de los apóstoles son redes de pesca que no hieren a los que cogen, sino que los reservan; y que, desde el abismo donde se agitaban, los hacen subir a lo más elevado. Dice, pues: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, sin haber cogido nada”; porque en realidad el fruto que ha de cogerse por medio de la predicación no depende de los hombres, sino de Dios. Los que antes nada habían cogido ahora hacen una gran pesca con la Palabra de Dios.” –


San Ambrosio.

Como pueden ver Jesus escogió la barca de Pedro para enseñar al mundo el camino al Padre. La barca representa la Iglesia, y es desde su Iglesia, que Cristo nos muestra el camino. Esta es su voluntad, porque Él quiso que todo su pueblo participara en el misterio de la encarnación. La Iglesia, al igual que Pedro en el relato, está llamada a ser obediente a Cristo. Esto como preámbulo a la gloria eterna, que es la participación en la Trinidad por todos los siglos. Así que debemos mantenernos fiel a la doctrina católica (universal) enseñada desde los primeros siglos, desenmascarar cualquier mentira que se diga desde el pulpito y vivir una vida sacramental que sería imposible sin la Iglesia (“Hagan esto en memoria mía, Bauticen a todos los pueblos, a quienes les perdonen los pecados le quedan perdonados”).

En Cristo, Luis Roman

Santa María ora pro nobis